DE MAÑANA. Tierra eres


No sé ni cómo he llegado hasta aquí. Me miro en el espejo y veo a mi madre o a mis tías... pero yo, yo no estoy. Mi yo, el que recuerdo, juguetea en gestos y guiños y en el chorro de vida que trae y me lleva.
La mejor edad no es para todos la misma. Yo, que he llegado a casi todo tarde (menos a lo que necesitaba como respirar:  la maternidad), empecé a  sentirme desligada de ciertas ataduras a los 40, aún así, necesitaba de un coro de ángeles cantándome al oído.
Ahora, caminito de los 60, elijo el hoy y el ahora como cancha ideal para jugar el partido.
No cambiaría nada del pasado, aunque mi maduración haya sido lenta y conflictiva y tampoco quitaría a nadie, porque quien no me ha matado me ha hecho más fuerte. Lo que si haría, a grito pelado, es pedir perdón.
Excepto kilos, me sobran pocas cosas y éstas, día a día, van desfilando hacia otros destinos donde hacen más falta y mejor función.
Me siento como la tierra envejecida y seca que deja paisajes irrepetibles o como las vides centenarias, dan  menos uvas, pero excepcionales a pesar de las heridas de sus troncos.
Hay que seguir haciendo y produciendo.
Feliz sábado, caminantes. 

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